¡A por el libro editorial de bodas!

Antes de ponerme a hablar del libro editorial de bodas quiero gritar que los fotógrafos de boda en España (y el resto del Universo conocido) contamos historias. Aunque no queramos. El hecho de llegar pronto a un evento, marcharnos tarde, y no parar de hacer fotos desde que llegamos hasta que nos marchamos, es un ritual que nos identifica. Porque trabajamos en lugares en los que suceden cosas. Y la simple visualización de todas las fotos de una boda, una detrás de la otra, ya posee una estructura narrativa, en este caso, cronológica. Luego está la labor del fotógrafo, que debe identificar en primer lugar qué fotografías necesita para componer sus reportajes, y en última instancia realizar ese trabajo de editor gráfico que casi siempre el fotógrafo profesional asume como propio. En la revista Life existía un manual en el que se detallaba qué imágenes eran imprescindibles para que la suma de un número determinado de fotos se pudiera llamar reportaje y, además, se leyera como una historia. Y ahí, justo ahí, en ese sexto sentido que nos legitima a decidir qué es importante y qué no, es donde el profesional debe diferenciarse del aficionado, sobre todo en esta época en la que vivimos en la que la tecnología está democratizando eso de hacer ‘fotos bonitas’.

El poder del papel y del libro editorial de bodas

En la era digital nos estamos haciendo inmunes al impacto de las imágenes, y existen infinidad de teorías que explican cómo y por qué no llegamos jamás a convertir en un talismán prácticamente ninguno de los miles de archivos.jpg que almacenamos. La tecnología está robando nuestros recuerdos. Por ese motivo, al menos el fotógrafo de bodas, ese que se centra en la memoria visual de una familia, debe apostar por el papel y -evitando entrar en debates de formatos y soportes- reivindicar el libro editorial.

Me pongo serio. Si lo que queremos es contar buenas historias y que nuestra profesión sobreviva, en lugar de deslumbrar a través de nuestras ‘mejores’ fotos de boda de forma inmediata a través de las redes sociales, probablemente debamos apostar por un libro de aproximadamente 100 páginas que no sea demasiado grande, evitando que se convierta en lo que en el mundo editorial se llama libro de mesa y garantizando que pueda disfrutarse como se disfrutan las cosas que son para siempre. Existen estudios que abordan cómo el tamaño de un libro afecta a su lectura. Un libro grande te distancia de la obra, te obliga a disfrutar de las imágenes como podríamos hacerlo en un museo, mientras que un libro pequeño te acerca a ella y te ayuda a contemplar de manera íntima y emotiva. En esto, como en tantas otras cosas, los profesionales estamos obligados a educar a nuestros clientes y a guiarles a lo que de verdad, a largo plazo, les pueda dejar más satisfechos. Sobre el poder de las historias y su papel en el futuro de nuestra profesión hablo más detenidamente en el Magazine de Unionwep.

En esta entrada os muestro el display -optimizado para visualización en ordenador- del libro editorial de la boda en Jerez de Nuria y Javi, para que detectéis qué dinámicas utilizo a la hora de hacer las fotos en mis eventos, qué imágenes selecciono para que formen parte de la historia (en este caso del libro), y cómo las relaciono unas con otras para que su lectura tenga ritmo y posea una estructura cuyo orden es, en ocasiones, cronológico, a veces lumínico, cromático o paralelo a un texto, pero que siempre requiere de desahogos y transiciones, y/o de un especial detenimiento en la evolución natural de los espacios en los que nos movemos en nuestros eventos y de las personas que aportan vida y movimiento a esos espacios.

Necesidades reales del fotógrafo de bodas

Nuestro sector lleva ya unos años perfeccionando todo tipo de técnicas. El nivel medio del profesional ha subido de forma exponencial. El portfolio de casi cualquier fotógrafo de bodas posee ya un nivel más que aceptable. Incluso somos cada vez más talentosos en nuestro dominio de las redes sociales, de la edición gráfica, del diseño web, de la relación con Google, del catálogo completo de las tapas de nuestros álbumes, o del uso de todo tipo de programas administrativos y de ofimática. Pero es en la puesta en valor de nuestros reportajes donde está el trabajo por hacer. Porque la apuesta no pasa por entregar cientos de fotos, sino por construir una o varias historias a partir de ellas. Debemos conseguirlo trabajando en nuestras verdaderas necesidades como reporteros, en la selección precisa de nuestras imágenes, y en el orden en el que elegimos mostrarlas a través de un libro editorial de bodas. Después de eso, ya sólo debemos tener paciencia y seguir trabajando con honestidad hasta que nuestro trabajo pase de ser un bonito portfolio a convertirse en un talismán que acompañará a nuestros clientes toda la vida. Dejemos hablar al tiempo. Y aprendamos a disfrutar de esa lenta y bendita responsabilidad. ¡A por todas!

6 Comments

¿Algo que decir?

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  1. Totalmente de acuerdo contigo. Pero además de bonitas, deberíamos hacer buenas fotos. Esas que de verdad trasciendan. Aunque sea una entre mil

  2. Sí, lo he leído . Mi respuesta va más para aquellos que se queden sólo en el titulo de tu entrada. Como casi siempre, un placer leerte

  3. Añado algo. Si solamente entregásemos 80 buenas fotos a nuestros clientes (y ya me parece casi imposible llegar a esa cantidad)¿pagarían éstos el precio de nuestro trabajo?

    • No entres en número de fotos. Eso es lo que hacen los aficionados. Piensa como un profesional. Dale la vuelta. ¿Qué es lo que sí pagarían mis clientes? Si entregásemos un libro que resumiera su boda a la perfección, que les emocionara hoy, mañana y siempre, que fuera el talismán que su familia espera, y que les devolviera sus recuerdos cada vez que lo necesitaran… Sí. Pagarían. De hecho, ya lo están pagando.

  4. Qué grande eres! #quierocasarme #quierotusfotos #quierotulibro

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